El viernes en la escuela se llevaría a cabo una excursión al
zoológico; ese día llegue muy temprano y fue muy bueno, porque mi maestra no estaría en la
institución si no que se iría a la excursión junto a algunos padres de familia
y algunos niños del turno de la mañana y de la tarde, llegando yo a la escuela
me encontré a mi tutora afuera, esperando el transporte de la excursión y me
asombre, ella en el mismo momento me
dijo que en el salón me había dejado material y que a las horas de matemática yo ya sabía lo que
debía hacer. Así fue, llegadas las 7.15 a.m. solamente se hicieron presentes al
salón 12 alumnos a recibir clases.
Eran tan pocos estudiantes a los que tendría que darles
clases, que decidí no dar nuevo tema en matemática, mejor hice dos grupos y
jugamos, en la pizarra dibuje un caracol con diferentes multiplicaciones de
una, dos y tres cifras, como no tenia un dado lo hicimos con una botella de
soda y asi decidíamos a quien del grupo le correspondía el turno para dar el
resultado de la multiplicación que le toque en las multiplicaciones del
caracol; los niños se la pasaron genial y llegado el recreo ni querían salir,
me pedían seguir jugando al momento de entrar.

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